"Un encuentro con la resiliencia"

domingo, 26 de junio de 2011

El deambular


Veo aquella ruina deambulando en heroína.

Su espíritu inquieto y desbordado quiebra

los placeres culpables de un pasado sin armonía.

Ahí va vagando entre las sombras inauditas,

entre aquellos fantasmas que desnudan su alma.


Mirad ruina como cae sobre mi lecho tú veneno.

Hoy me embriago de poesía, de los recuerdos sagrados,

de una época dorada destartalada.

Y creo ver la señal, al parecer vago junto a ti sin saber que me perdí.

Voy clavando la locura y la desdicha en la ruina se va perdiendo en la armonía.

No te derrumbes en la ira,

a veces se suele odiar el perdón

y otras veces se desea como fuente de purificación.


Y voy temiendo en este paraje,

y la vez voy corriendo y no creo alcanzarte.

Estoy entre mil millas, entre mil colinas desahuciadas.

Del amor en ruina no basta con sólo contemplarla,

No basta con sólo palpitarla,

basta un verso con su pluma,

basta un callejón con su esencia y envergadura.

Hay como decae en su lecho,

hay como se escapa el aire de mis manos.

Este viento sulfúrico, ésta ruina volátil terminara sedienta de callejones,

del andar deambulando entre neblinas,

del andar deambulando con alguna espina.


De su armonía espiritual no tiene mucho,

quizás un tanto poco, pero de secretos sí sabe como pueden quedar muertos.

Danzara su neblina opaca en la mirada del gentío,

de ese que se encuentra escrito, de ese que se quiebra en memorias,

pero que no grita como la ruina deambuladora.

Suele deslizarse esporádicamente de un río al mar,

del mar al océano y del océano a un nada

De ese nada va en solitario, y de esa soledad que se detesta tanto,

pero que va gritando en labios sellados y en dibujos achurados.

Es ella la ruina quien espera siempre en el mismo callejón que su pintura quede escrita y su grito desesperado quede amortiguado en el suicidio del óleo; ese ya desahuciado y la vez esperanzado.

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