
Indagar en la nada, en lo suburbios del vacío que busca alimentarse de heroínas poéticas para saciar esa hambre desquiciada que intenta retro-alimentar el mendigo en esta ciudad devastada. Paradojicamente más allá de los reflejos superficiales que construye la gente, la trascendencia de la desesperación humana genera en mí una volátil conducta mental. Enloquecer en la ira, es perderse en su propia verdad es como habitar en el infierno mismo.
Más allá de este mundo convencional, la esencia de lo intangible, de lo abstracto- de ese dolor mismo con sus propias confusiones desequilibra este estado ultrajado por las materias, estilo de vidas masivas y construcciones insignificantes. Él mendigo algo sutil e inocente se va perdiendo, en ese abismo que él mismo estableció en el pecado. Ahora no existe liberación para su nada, ahora no queda armonía para calmar su ira confusa con una sinfonía armónica.
Voy pasando por los lamentos ajenos,
Voy cruzando callejones sin aparente salida,
Voy quedándome en esta evolución poco creíble, poco susceptible.
El mendigo me observa, me intimida entre estas paredes calladas, azotadas en el gentío, pero para él la esperanza pareciera que se vuelve aire, una esencia abstracta inalcanzable para mi destino. Este nada se transforma en un circulo vicioso sin preguntas y sin respuestas. Indagar más allá de este mundo convencional hace salpicar mis pecados culpables al rocío de la religiosidad inexistente. El matiz de la poesía se va congelando en este parasito humano que sólo tiene una visión errada, una visión vacía, simplemente se transforma en un nada para mí y para este mendigo mundo.
Tendré compasión de mi fiel memoria remota que obstaculiza los cuestionamientos de este mendigo perdido con respecto a la vida. El vivir sin sentido, el sentirse un nihilista te presiona en tu propia libertad, sin saber que tus manos siempre se encuentran encadenada por ese enemigo que se encuentra tras de tu espalda, tras ese lado maquiavélico sufrido.
Y pido a Dios mi fe para que consuele este humano desdichado de su nada, pero Dios vaga siempre en la similitud de grandeza de lo convencional, aturdiendo la sublimidad de mis plegarias, de mis deseos matutinos sentenciados por esta gloriosa época opacada. Dios sabe que deseo alcanzar esa colina y que ese mendigo- desea destruirla para saciar su hambre existencial, sin embargo Dios sabe también que deseo caminar por sobre mil millas y que el amor a la sabiduría nutre mi vacío, ese que se encuentra tartamudo -en el silencio, en la escritura y en las expresiones sobrehumanas.
Alogia