"Un encuentro con la resiliencia"

lunes, 28 de febrero de 2011

Los trastornos de un invierno a un verano...


Si pierdo la tranquilidad en otoño-invierno, la recupero en el verano, pero la primavera me parece poco para que exista como un intermedio de sentimientos. Los adioses son tristes, las frases sublimes son desbordantes, pero el rostro de aquellos ojos que penetraban con un abismo en mi mirada, simplemente desbordaron mi inocencia incrédula.

Pobre primavera, pobre verano que a veces busca el perdón. El invierno con su melancolía me abraza con esa lujuria incierta, con ese precipicio, con ese deseo matutino de lo indispensable. El invierno me invade con un balde de agua fría que congela mi conciencia hasta dejarla taciturna entre los placeres culpables que atan a este invierno que lo deseo tanto y a veces lo detesto. Sollozar entre los rincones, entre laberintos, y sólo imploro que bajo esta ausencia no me sorprenda la fantasía tartamudeando el recuerdo, el pasado que sólo llega a ser en vano.

Se me escapa de las manos la armonía, la lujuria, pierdo el control, atrapada en las redes de un dolor, y pienso que sólo la lluvia del invierno puede lavar mi dolor y puede que en verano pueda llegar a odiar al perdón.

Y eres tú quién siempre me observa con recelo en mi memoria, y pienso la sanación cuándo?, ¿ será en verano? o en una primavera intermedia?....

Quiero que el deseo muera, pero al parecer esta ausencia suele ser como una muerte lenta…

Pero me quedaré en ese invierno con esa lluvia moribunda, que desnuda mi más profundas entrañas. Me marcharé diciendo un adiós y no existirá pasado, ni lamento ni un recuerdo, sino más que nada un invierno.